IV Coloquio Chileno-Francés de Psicoanálisis

Sueños

Considerada por Freud como su obra más importante, La interpretación de los sueños irrumpió en la escena de siglo XX para consolidarse como uno de los clásicos de la modernidad occidental. Como ha revelado el paso de más de un siglo, su relevancia no reside en la novedad de su objeto ni en la pretensión científica de su abordaje, sino más bien en el lugar que, para la subjetividad y el pensamiento contemporáneos, el autor concedió a la vida onírica. Consecuentemente, la reflexión freudiana sobre el sueño ha promovido recurrentes exégesis, comentarios e interpretaciones, generando a la vez múltiples discusiones y fecundas interrogaciones.

En tal sentido, no resulta extraña la enorme cantidad de consideraciones que la denominada vía regia a lo inconsciente ha suscitado al interior del psicoanálisis. A las iniciales contribuciones de Rank, Jones, Sharpe o Garma, se han sumado los más recientes libros de Meltzer, Castel, Dayan, Ferro y Civitarese, sin contar las más breves, pero sugerentes, puntualizaciones de Klein, Bion, Lacan, Dolto o Winnicott. A decir verdad, casi ningún psicoanalista parece haberse sustraído al debate psicoanalítico en torno al sueño que, como pieza angular del psicoanálisis mismo, lo continúa interpelando en distintos niveles de su práctica y su teoría. Trátese de la figurabilidad onírica y el trabajo psíquico, del resto diurno y lo histórico en el sueño, de la vida onírica infantil, del lugar de la angustia o del despertar en el sueño, de las formaciones oníricas en las psicosis, del destino del deseo en los sueños traumáticos, de la interpretación del sueño y del sueño como interpretación, del dormir sin sueños o de las incidencias oníricas del superyó, de los sueños transferenciales o del sueño en transferencia, entre tantas otras, muchas son las preguntas que el sueño continúa proponiendo a la indagación psicoanalítica.

Pero, más allá del psicoanálisis, los sueños ha sido fuente de reflexión, inspiración e inquietud para múltiples tradiciones y en muy diversos dominios. Desde mucho antes de Freud y hasta nuestros días, la experiencia onírica ha convocado insistentemente la atención de creadores y pensadores, convirtiendo al sueño en un recurrente motivo de interés, tanto para las Artes y las Letras como para las Humanidades y las Ciencias Sociales. De hecho, no es infrecuente que los sueños lleguen a movilizar la actividad de culturas completas, y es muy probable que ninguna sociedad haya podido permanecer por entero indiferente a ellos.

En virtud de ello, el sueño ha llegado a ser un objeto particularmente fecundo para la indagación antropológica. Desde Lincoln y Lévy‐Bruhl hasta Tedlock y Glowczeswski, pasando por Devereux, Eggan, Roheim y tantos otros, numerosos antropólogos han investigado los sueños en diversas culturas. Así, no sólo se han destacado las múltiples variaciones culturales de las explicaciones dadas a los fenómenos oníricos, sino también las diferentes funciones concedidas a la experiencia onírica en distintas sociedades. Del mismo modo, muchos han señalado la marcada determinación cultural de los contenidos oníricos, además de subrayar los variados usos otorgados a los sueños por diversas culturas, pudiendo incluso incidir en la naturaleza misma de la experiencia onírica. En general, el conjunto de estas contribuciones plantea relevantes interrogantes que, al preguntarse por la participación de lo social en el sueño, también indagan en las posiciones culturales de enunciación onírica y sus efectos, tanto sobre los enunciados del sueño, como sobre los “lugares” sociales desde donde sueña el soñante.

Desde perspectivas más sociológicas o históricas, otros estudios se han igualmente confrontado a la cuestión de la incidencia de la sociedad en los sueños. En tal sentido, algunas aproximaciones han constatado la sensibilidad del sueño para registrar las condiciones sociopolíticas de existencia subjetiva: sea en función de las huellas dejadas por el totalitarismo nazi en numerosos sueños durante el Tercer Reich (Beradt), por el racismo colonial en la vida onírica malgache (Fanon) o por la discriminación racial en diversas imágenes nocturnas de afrobrasileños (Bastide); sea en relación a la más cotidiana presencia parcial de los “encuadre sociales de la memoria” en los sueños (Hawlbachs) o a través del recurso a imaginarios oníricos hedonistas tendientes a conjurar las amenazas y exigencias del orden social y sus jerarquías (Dauvignaux, Dauvignaux y Cobeau). De hecho, en virtud de esta misma capacidad onírica de registro, la exploración histórica ha prestado interés a los sueños como material pertinente para la investigación en historia política y cultural, sea de la Antigüedad y la Grecia Clásica (Doods, Meier), sea del Medioevo (Le Goff, Schmitt, Ginzburg), del Antiguo Régimen (Burke) o, incluso, del siglo XIX (Schorske). Todas estos estudios no sólo se interrogan por el sueño en su calidad de archivo sino que, al mismo tiempo, abren toda una serie de preguntas, tanto sobre la dimensión política en los sueños, como sobre la naturaleza política de la actividad onírica misma.

En lo que respecta a la filosofía, su devenir histórico resultaría impensable sin la referencia a la cuestión del sueño. De Platón a Kant, de Descartes a Bergson, el sueño ha ostentado una posición paradójica respecto de la razón, en tanto límite exterior a la vez que su propio fundamento. En tal sentido, el examen del sueño ha resultado crucial para situar algunas de los problemas fundamentales del pensamiento filosófico: la diferencia entre ficción y realidad, el estatuto de la interpretación y la distancia entre el decir y el querer‐decir, o la difícil relación entre imaginación y pensamiento. A lo largo del siglo XX, influencia de la Traumdeutung mediante, el sueño ha vuelto a ser visitado para extraer de él nuevos rendimientos. Posiblemente sea Benjamin quien llevó más lejos esta cuestión, para hacer de la interpretación del sueño traducida en clave marxista, un método para dar cuenta críticamente de la sociedad burguesa del siglo XIX. Sin olvidar, por cierto, los sugerentes comentarios de Wittgenstein sobre los juegos de lenguaje oníricos y la gramática del sueño, en función de los cuales se despliegan nuevas interrogantes.

Asimismo, el desarrollo de las artes y la literatura también lleva las improntas del sueño bajo múltiples y diversas formas. Sólo por señalar algunos hitos irrenunciables, en el campo de las artes visuales el sueño se reparte desde la imaginería medieval (El Bosco, Brueghel el viejo) hasta el automatismo psíquico de los surrealistas y la sátira dadaísta. Por su parte, numerosas ficciones oníricas pueblan la producción literaria que, lejos de limitarse al romanticismo de Coldridge, Novalis, Hölderlin o Nerval, remontan a las visiones de la Iliada o la Eneida y se continúan en los sueños de la Divina Comedia o del Persiles, para llegar a los juegos onirológicos de Carroll, al onirismo de Vian o al real-visceralismo de Bolaño. Considerado incluso como “fábrica de sueños”, el cine también se encuentra, desde sus mismos inicios, atravesado por una recurrente referencia al sueño: desde Pabst a Lynch, pasando por Buñel, Hitchcock o Ruiz, el recurso onírico ha resultado central para la construcción fílmica misma. De hecho, lejos de limitarse a la inclusión visual o narrativa de contenidos oníricos, la convocación del sueño en las artes también han implicado la exploración de sus múltiples medios expresivos y figurativos, imponiendo en consecuencia numerosas cuestiones, desde aquellas referidas a la representación y la ficción hasta aquellas concernientes a la verdad y lo real.

En efecto, muchas son las preguntas que, lejos de agotarse en las que hemos mencionado, convoca el múltiple interés por la experiencia onírica; y es el conjunto de esas interrogantes las que motivan una discusión que, nutrida desde distintas tradiciones y variados saberes, busca nuevamente reflexionar sobre este objeto eminentemente transdiciplinar que es el sueño.

Fecha : 23 y 24 de octubre, 2015
Lugar : Auditorio Periodista José Carrasco Tapia (ICEI)
Campus Juan Gómez Millas, Universidad de Chile.
Av. Capitán Ignacio Carrera Pinto, 1045, Ñuñoa.

Organizan:

Laboratorio Transdisciplinar en Prácticas Sociales y Subjetividad, LaPSoS
Programa de Estudios Psicoanalíticos: Clínica y Cultura          

Auspicia:

Magister en Psicología Clínica de Adultos, Departamento de Psicología, Universidad de Chile

Patrocina:

Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile 

Asistencia liberada, previa inscripción (cupos limitados)
Inscripciones en: http://goo.gl/forms/O03TgT6qfO
Contacto: coloquiosueños@gmail.com

 

Afiche Coloquio